Historia de la Medicina
- 5 mar 2023
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El día de hoy, indagaremos un mundo extenso de avance y estudio, donde tocaremos la historia de la medicina a mediados del siglo XV hasta el siglo XX.
Pero antes de emprender este viaje por la historia de la medicina, me gustaría dejar un resumen sobre lo que veremos en esta entrada, ¿por qué?, es un tema muy extenso, y podemos ser reduccionistas a este tema.
Con este resumen ya colocado, vamos a iniciar por esta aventura de la historia de la medicina.
Siglo XV y XVI
En estos siglos, la sociedades se veían envueltas en un cambio social, cultural, económica y política llamada el Renacimiento que es catalogado como un movimiento cultural y artístico europeo basado en el "renacer" de los valores de la Antigüedad clásica. Alcanzó su auge en el siglo XV y se extendió hasta la primera mitad del siglo XVI, cuando dio paso al período barroco (1600 a 1750, Siglo XVII y XVIII). Tuvo su origen en la región de Italia, desde donde se extendió al resto de Europa. Este período no sólo fue importante para el arte ó la cultura, también para la medicina.

Medicina Renacentista

La medicina renacentista se caracteriza por el resurgimiento del hipocratismo, entendiendo la enfermedad como una alteración de los humores. Se heredan muchas enfermedades, apareciendo otras nuevas, pudiendo destacarse la sífilis, que se relacionó con el Nuevo Mundo. El hipocratismo permite una observación cuidada de la enfermedad, así del garrotillo o del tifus exantemático. También una atención hipocrática al tratamiento, que se pautaba desde el más suave, la dieta, al más agresivo, la cirugía, pasando por los remedios naturales, sobre todo del mundo vegetal. También se prestó atención a las enfermedades del alma, que pasaron de ser consideradas acción del diablo o de la delincuencia, a ser tratadas como trastornos naturales. La naturaleza fue estudiada con cuidado en estilo hipocrático, tanto en el individuo, como en la sociedad y el medio. De interés es la preocupación por la naturaleza americana, que tantos recursos proporcionó, no solo económicos, también alimentarios, científicos y médicos.
El Gran Anatomistas Renacentistas
Es bien sabido que en estas era del renacimiento, el arte y la ciencia se unieron para el descubrimiento y deleite de la complejidad de la estructura humana. Grandes artistas como Leonardo Da Vinci. fue el inventor de los cortes anatómicos y de la representación de la figura humana en diferentes planos. La raíz de sus trabajos anatómicos se sitúa en sus intereses artísticos por la exploración del cuerpo humano y su funcionamiento.
Quién podría pensar que el polímata de Leonardo Da Vinci también aportó a gran medida, el avance de la anatomía humana desde su más grande talento, la pintura. Así podemos entender que la medicina del Renacimiento puede atribuirse el mérito del inmenso progreso de la anatomía y de sus notables contribuciones en el campo de la fisiología, de la farmacopea y de la terapéutica. La medicina supersticiosa, anclado a una visión religiosa y el oscurantismo, acabaría o perderían fuerzas en el Renacimiento, la medicina tendría una visión más científica pero limitadamente.
Grandes Autores De los siglos XV y XVI
Dentro de este gran siglo del cambio, el avance y la innovación, nos trajo grandes médicos, anatomistas y cirujanos, pero esta vez sólo hablaremos de dos grandes, uno cirujano y otro anatomista.
Andrés Vesalio

En una entrada anterior a este blog, hablé un poco acerca de Vesalio, pero hablaremos con más detalle de su vida.
Andrés Vesalio ó Andreas Vesalio nació el 31 de diciembre de 1514 en Bruselas. Procedía de una estirpe renana consagrada en sus últimas generaciones al servicio médico de los emperadores de Alemania. Recibió su primera educación en Bruselas y Lovaina donde, entre otras materias, aprendió latín, griego, árabe y hebreo. Parece que admiró desde pequeño la obra biológica de Alberto Magno y también tuvo cierta tendencia a la disección de animales.
Más sobre él
A los dieciocho años se trasladó a París para estudiar medicina. Allí permaneció durante tres años (1533-1536) en un ambiente en el que prevalecía el galenismo. La enseñanza de la anatomía corría a cargo de Jacobo Silvio y Günther von Andernach. Este último tradujo la obra de Galeno De anatomicis administrationibus y publicó un tratado de disección (Institutionum anatomicarum libri quatuor, 1536). Silvio utilizaba como libro de texto el De Usu partium de Galeno, aunque suspendía la enseñanza a la mitad del primer libro por considerar que era demasiado difícil para los estudiantes. Descontento Vesalio, pero profundamente seducido por la materia, trató de completar su formación osteológica con huesos sustraídos del Cementerio de los Inocentes y ayudó a realizar algunas disecciones en las que también participó su compañero Miguel Servet. El estallido de la guerra entre Francisco I y Carlos V condujo de nuevo a Vesalio a Lovaina, donde permaneció por espacio de dos años (1536-1537). Allí le fue otorgado el grado de bachiller en medicina en 1537. En Lovaina realizó disecciones y publicó su primera obra: Paraphrasis in nonum librum Rhazae ad Almansorem que se editó en Basilea (1537). En ella compara la terapéutica galénica con la árabe, inclinándose por la primera pero intentando salvar en lo posible la reputación de Rhazes. Marchó después a Italia. Pasó primero por Venecia, donde conoció a su futuro colaborador y discípulo de Tiziano Jan Stefan Calcar, y fue después a Padua, que era la ciudad universitaria de la República Véneta, para inscribirse en su escuela médica. En Padua realizó su prueba doctoral el 5 de diciembre de 1537 y al día siguiente fue nombrado Explicator chirurgiae o profesor de cirugía con la responsabilidad de explicar cirugía y anatomía. A los pocos días ya había llamado la atención. ¿Por qué? Vesalio rompió con el método didáctico medieval: abandonó la cátedra para bajar y situarse junto al cadáver, disecando y mostrando por sí mismo la parte a la que la explicación se refería. Completaba además con dibujos lo que en el cadáver era difícil de observar. Aunque esto hoy perezca raro, supuso un cambio importante, tanto que tuvo un gran éxito entre sus colegas docentes y entre los estudiantes. Tuvo que editar sus propios dibujos junto con otros que encargó a Calcar porque le sustrajeron uno de los que usaba habitualmente y con el fin de proteger la autoría. Este fue el origen de las Tabulae anatomicae Sex (Venecia, 1538). Las tres láminas osteológicas son de Calcar, las tres viscerales (hígado, porta y genitales; hígado y cava; corazón y aorta) son del propio Vesalio. Aunque sigue siendo galénico, el cambio que esto significó en la ilustración anatómica fue enorme. Hay que tener en cuenta que los tratados de anatomía de entonces no solían contener ningún tipo de ilustración. Algunos suelen referirse a las láminas de Leonardo da Vinci, mucho más conocidas entre el público actual que las de Vesalio. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en ese momento esas láminas permanecían inéditas. En 1538 Vesalio publicó una revisión de las Instituciones Anatomicae de su maestro von Andernach, es decir, un manual de disección para sus estudiantes. En 1539 con el fin de aportar claridad a una polémica sobre la sangría en las afecciones neumónicas monolaterales, el médico de Carlos V, Nicolás Florena, encargó a Vesalio un exploración disectiva del sistema venoso endotorácico. Descubrió así la vena azigos mayor y su desembocadura en la vena cava superior (si seguimos la idea galénica de la circulación de la sangre sería el origen y no el final). Publicó los resultados ese mismo año (Epistola docens venam axillarem dextri cubiti in dolre laterali secandam) y también aceptó el encargo de la Giunta, una afamada casa editorial veneciana, para revisar la edición latina de varios escritos anatómicos de Galeno. Como se puede apreciar, nos encontramos con una de las características del Renacimiento: revisar y corregir. Concluyó el trabajo apenas un año después.
Todas estas actividades fueron muy apreciadas por el claustro de profesores y por los estudiantes. En el documento oficial que prorroga el nombramiento de Vesalio se dice claramente que “había suscitado gran admiración entre todos los estudiantes”. El estrecho contacto con Galeno a través de sus obras, le llevó a darse cuenta de que dejaba traslucir en sus escritos su experiencia disectiva con monos. Al comprobar personalmente en las disecciones tantos errores, Vesalio abandonó hasta entonces al indiscutible Galeno de la enseñanza de la anatomía. El hecho causó cierto revuelo en el claustro de Padua, pero Vesalio se comprometió a escribir un nuevo tratado de anatomía. En 1542 ya estaba redactado su conocido De humani corporis fabrica libri septem. Unos días después también terminó el Epitome, una especie de Fabrica compendiada para uso de los estudiantes. El texto, al que se unieron trescientas planchas grabadas en madera por Calcar, salieron en mula hacia Basilea al taller de Juan Oporino. Poco después vieron la luz los primeros ejemplares. La Fabrica iba dedicada al emperador Carlos V y el Epitome al que después sería Felipe II. Vesalio tenía entonces 29 años. La obra originó una reacción airada de algunos galenistas. Uno de los que le atacó ferozmente fue su maestro parisino Jacobo Silvio quien le propinó calificativos como desvergonzado, impío, calumniador e ignorante. Andrés Vesalio regresó a Padua, pero siguiendo la tradición familiar, fue requerido por Carlos V para que formara parte de su servicio médico; por tanto, marchó a Bruselas. Allí se casó, ejerció la medicina y escribió. Publicó un opúsculo sobre el uso de la raíz de China o zarzaparrilla, donde aprovechó para defenderse de los que le atacaban por abandonar a Galeno. Mientras preparaba la segunda edición de la Fabrica (1555) también acompañaba al emperador en sus viajes; su función era la de médico “internista” y no la de cirujano.

Ambroise Paré

Ambroise Paré nació en Francia, en 1509. Se dice que su padre era un humilde lacayo y su madre, una prostituta. Por tanto, su educación era muy limitada y las opciones de hacer una profesión académica, eran casi imposibles. Así, comenzó como aprendiz de barbero, actividad en la que, además de afeitar a paisanos, a veces, extraía dientes. Su interés en progresar lo llevó a París, donde a los 17 años logró ser admitido en el Hôtel Dieu, un importante hospital de esa época, como interno de cirujano-barbero. En este hospital, las condiciones eran bastante precarias; las operaciones se hacían en los pasillos y la mortalidad era muy alta, razón por la que la cirugía tenía poco prestigio. En aquella época, los llamados cirujanos de bata larga estudiaban en la Escuela de San Cosme en latín y griego. Los cirujanos-barberos eran considerados como una clase inferior de cirujanos o trabajadores manuales. Luego de tres años, se incorporó al ejército de Francisco I como cirujano-barbero. Paré no hacía distinciones: protestantes o católicos, españoles, franceses, alemanes, flamencos o italianos recibirían su atención. Por no saber latín ni griego, Paré no pudo leer las obras de Hipócrates ni de Galeno, ni las traducciones al latín del Canon de Avicena. Sin embargo, aprendió cirugía por sus propios medios atendiendo a los heridos.
Más sobre él
Paré hizo su primer descubrimiento en la curación de heridas de bala. Como los disparos eran de poco alcance, se producía, además de la herida por la bala, una quemadura por la pólvora. La opinión de esa época era que la pólvora envenenaba la herida, por lo que se vertía en ella aceite de sauco hirviendo. En una batalla, asistiendo a muchos heridos, se terminó el aceite, y por ello Paré empleó una pomada preparada por él, con yema de huevo, aceite de rosas y trementina. Al día siguiente comprobó su efecto benéfico: los pacientes estaban sin dolor ni fiebre ó inflamación, mientras que ocurría lo contrario con quienes habían sido cauterizados.
Uno de los avances más importantes que introdujo Paré fue la ligadura de las arterias para reducir las hemorragias. Hasta entonces, el único medio conocido era la cauterización con un hierro candente del muñón sangrante, lo que era poco efectivo. Utilizaba fórceps y puntos de sutura. Esto significó un gran avance en los procedimientos quirúrgicos. Tal fue la fama que iba ganando con sus actos médicos que, en una oportunidad, habiendo caído preso del duque de Saboya, este le concedió su libertad por haber curado y salvado la vida de uno de sus nobles. Tuvo también un papel destacado en el desarrollo de otros procedimientos quirúrgicos, técnicas para la extracción de proyectiles y empleo de tubos para drenar abscesos. En obstetricia, desarrolló y perfeccionó técnicas para la posición podálica. Hizo bragueros para hernias y prótesis de miembros amputados. Fue el primero en describir una fractura expuesta tratada con éxito sin amputación. Inclusive, se automedicó cuando sufrió una fractura expuesta de la pierna, y logró salvarla. También formuló ingeniosos aparatos ortopédicos y prótesis de piernas y brazos, con gran perfección. Como desconocía el latín y el griego, Paré utilizó el francés para redactar sus obras. Esto le permitió una amplia difusión de sus tratados entre los profesionales de la medicina y el público en general. En 1545, publicó el tratado Método de tratar las heridas causadas por arcabuces y otros bastones de fuego que luego fue traducido a varias lenguas. Él defendía la fuerza de curación de la naturaleza, lo que sintetizó en una frase: “Yo lo vendé, Dios lo curó”. En 1553, publicó la segunda edición de su obra. Publicó también otros tratados acerca del tratamiento de heridas y enfermedades. En 1575, editó una recopilación de sus obras, que luego se reimprimió en varias ocasiones y se tradujo al inglés, alemán y neerlandés. Cuando apareció la primera edición de sus Obras completas, que además de temas de Cirugía contenían mucho de Medicina, la Facultad de París trató de evitar que se publicara. Como no lo logró, trató de desprestigiarlo públicamente, a lo que Paré contestó con mucha calma.
En 1561, haciendo a un lado sus estatutos, la Hermandad de San Cosme recibió en su seno a Paré y le otorgó el grado de Maestro en Cirugía. La Escuela de Medicina de la Universidad de París, finalmente, debido a sus logros, acabó concediéndole, en 1584, el bonete de Doctor en Medicina. Tenía 74 años. Diez años antes se había casado y llegó a tener seis hijos.
El aporte más grande que nos pudo brindar fue su tenacidad, su hambre por el descubrimiento, su pasión por salvar vidas. En una época precaria y de abundante desigualdad, Paré fue sin duda la moneda de cambio para una sociedad de la época. Él pasó a ser un barbero a un médico cirujano de diferentes Reyes de Francia.

Siglo XVII y XVIII
La Edad Barroco sigue al Renacimiento y abarca desde la segunda mitad del siglo XVII hasta la Revolución Industrial, a fines del siglo XVIII y principios del XIX. En este lapso se desarrollaron una serie de grandes sistemas o teorías médicas que se disputaban el lugar prevaleciente que habían ocupado las ideas galénicas durante cerca de 1 500 años. Varios sistemas médicos, como la iatroquímica, la iatromecánica, el animismo y el vitalismo, el solidismo, el brownismo, el mesmerismo y otros más, dieron origen a distintos conceptos de enfermedad, algunos de los cuales influyeron en la terapéutica empleada en los pacientes. Varias de estas teorías siguieron la sugestión de Sydenham, de que la enfermedad debería estudiarse igual que otros objetos de mundo natural y se dedicaron a clasificar a los padecimientos en clases, órdenes y géneros, lo mismo que se hace con plantas y animales.

La Medicina Barroquista
En esta época también quedó establecida la anatomía patológica como una ciencia, se avanzó en el diagnóstico clínico con el descubrimiento de la percusión como un método de exploración física, se generalizó el uso de la vacuna de Jenner en contra de la viruela.
El término barroco, un concepto estilístico de las artes plásticas, se ha hecho extensivo a la poesía, música y a la época histórica que abarca el siglo XVII.
En lo que toca a la filosofía y a las ciencias, este período está marcado por dos corrientes opuestas, el racionalismo y la experimentación. El autor del racionalismo del barroco es René Descartes, filósofo y matemático nacido en 1596 y muerto en 1650. La física es para Descartes esencialmente geometría, y la aplicación a ésta del análisis algebraico dio origen a la geometría analítica.
René Descartes y William Harvey
René Descartes y la Fisiología

René Descartes no sólo fue una figura importante para la filosofía y la física, fue también el responsable de acuñar la palabra ''Pensamientos Intrusivos'' y dando un aporte más a la psicología como también hace una gran aportación a lo que se considera la base de la psicología filosófica. Considerado el primer hombre moderno por su pensamiento y la gran figura en la psicología del Renacimiento. Fue el fundante del pensamiento racional. Pretendía fundar la ciencia Y en la glándula pineal sitúa Descartes el punto de contacto entre el espíritu (res cogitans, sustancia pensante) y el cuerpo, ejerciendo una doble función: control sobre los movimientos desmesurados (pasiones) y, sobre todo, conciencia. Dado que Descartes no distingue entre conciencia y consciencia, dedujo que los animales, que no poseían alma, eran como máquinas perfectas sin dimensión psicológica, es decir, sin sentimientos ni consciencia. Aparte de ser reconocido en el mundo de la filosofía moderna, es también uno de los tantos polímatas de las época, quien aportó a la fisiología en su libro Le traité de l’homme, el cual finalizó en 1633. Esta obra fue tal vez la que más influyó en la psicofisiología humana durante todo el siglo XVII, siendo considerada como el primer texto europeo de fisiología.
Su primera publicación se realizó el año 1662, en la ciudad holandesa de Leiden, es decir, doce años después de la muerte de su autor. Florent Schuyl (1619–1669) doctor en filosofía de la Universidad de Utrecht y de medicina en la Universidad de Leiden, tradujo del francés al latín la obra de Descartes bajo el título De Homine figurís etlatinate donatus.
Más sobre él
Dos años después, Claude Clerselier (1614–1684), filósofo y abogado del Parlamento de París, publicó el texto en francés junto a un extenso prólogo donde esboza críticas al trabajo de Shuyl. En ambas ediciones las figuras que acompañaban a los textos no eran propias de Descartes.
En “El Tratado del Hombre” se desarrolla una interesante aproximación al concepto de la génesis del dolor y de los subsiguientes mecanismos neu-rofisiológicos defensivos que se generan en el organismo. Sin embargo, antes de conocer la fisiología cartesiana es necesario conocer la concepción del sustrato anatómico del sistema nervioso propuesto por el autor. Para Descartes el sistema nervioso se compone de cerebro y nervios. El cerebro según esta concepción consta de tres partes: superficie externa; superficie interna (que está en contacto con los ventrículos cerebrales); y sustancia cerebral intermedia, situada entre ambas superficies. En este esquema, la superficie interna es la parte más importante y está surcada por poros, los cuales corresponden a los espacios entre los hilillos nerviosos que se dirigen hacia la superficie externa, o bien forman nervios que se reparten hacia el cuerpo. Contrario al concepto clásico imperante en esa época, en que los nervios eran considerados canales huecos, Descartes defiende un sistema dual en el que existe, al interior de los nervios, una red de hilillos o fibrillas que acaban confundiéndose con los del cerebro, permitiendo la existencia de espacios entre ellos para el flujo correcto de los espíritus animales. Los nervios antes descritos, terminarían en las masas musculares y, a este nivel, existirían válvulas que permitirían la entrada de los espíritus animales al interior del músculo, los que determinarían la contracción de éste. Así en este marco anatómico, Descartes sitúa a la glándula pineal como colgada de unas arteriolas y no unida a la sustancia cerebral. Su estructura, como la del resto del cerebro, constaría de hilillos separados por poros, donde penetra la sangre procedente de los plexos coroideos y de las arterias. Para llevar a cabo su función, la glándula pineal destilaría unas partículas suspendidas en la sangre, las cuales se generarían en el ventrículo izquierdo y las transformaría en los espíritus animales. La razón del por qué Descartes considera a la glándula pineal como centro de control del cuerpo, alojamiento del sensorium commune y asiento del alma, probablemente se deba a razones meramente anatómicas. Descartes considera que todos los otros órganos en el cerebro son dobles, salvo esta pequeña glándula situada geométricamente al centro del cerebro y suspendida sobre los canales que contienen los espíritus animales. Su localización central permitiría recibir con la misma intensidad cualquier estímulo de la periferia, mientras que su carácter único haría posible el proceso integrativo de las percepciones y sensaciones, procedentes de órganos duplicados.
Es en este concepto dual de la naturaleza humana (cuerpo y alma) donde Descartes sitúa a la experiencia dolorosa. Para él el dolor es una percepción del alma, que puede estar originada por acción de agentes externos al cuerpo o bien por el cuerpo mismo. En su obra “Los Principios de la Filosofía” define el rol del dolor como elemento de integración entre el alma y el cuerpo, quedando graficado así en el siguiente párrafo:
“Hay además algunas cosas que experimentamos en nosotros mismos y que no deben ser atribuidas al alma sola, ni tampoco al cuerpo solo, sino a la estrecha unidad que ambos forman (…) Tales son ciertas sensaciones como el dolor”.
Cuando el origen de la percepción dolorosa se debe a agentes externos al cuerpo, el dolor se asociaría, en opinión de Descartes, al sentido del tacto, uno de los cinco sentidos descritos ya por Galeno (A través de la historia y el avance de la ciencia, se han descubierto más sentidos del ser humano. Por ejemplo, la Propioceptivo y Vestibular, siendo ahora 7 sentidos). La descripción que hace Descartes del mecanismo de la percepción sensorial humana es, para su época, muy compleja, así como las bases neurobiológicas de la percepción del dolor que tratan de explicar el arco reflejo, tal cual queda graficado en el dibujo de un niño cuyo pie es estimulado por el fuego.

En esta figura publicada en el Traité de l’homme, Descartes escribió:
“Así por ejemplo, si el fuego A se encuentra cercano al pie B, las pequeñas partículas de este fuego que, como se sabe, se mueven con gran rapidez, tienen fuerza para mover asimismo la parte de piel contra la cual se estrellan; de esa forma, estirando el pequeño filamento C que se encuentra unido al pie, abren en ese instante la entrada del poro d, e, en el que se inserta el pequeño filamento: del mismo modo que cuando se produce el sonido de una campana, cuyo badajo está unido a una cuerda, pues se produce en el mismo momento en el que se tira del otro extremo de la cuerda. Cuando se ha abierto la entrada del poro y el pequeño conducto d e, los espíritus animales de la concavidad F (glándula pineal) penetran en su interior y se desplazan a través del mismo hasta distribuirse en los músculos que se utilizan para retirar el pie de ese fuego, y también por los músculos que sirven para girar los ojos y la cabeza para ver el fuego, así como para mover las manos y plegar el cuerpo para defenderse. Pero ellos también pueden ser llevados por los mismos conductos d e, a varios otros músculos”.
Desde la perspectiva neurofisiológica actual, se sabe que el dolor es muy complejo y parece notable cómo un filósofo del siglo XVII trató de darle una explicación a estos fenómenos fisiológicos, a través de su teoría de la observación de los fenómenos que se dan en la naturaleza. Este intento es tal vez el más importante aporte que Descartes haya hecho a la ciencia. En palabras de Herzen “Descartes tuvo una gran vocación: dar comienzo a la ciencia y otorgarle un principio”.

William Harvey, El médico del Barroco

Contemporáneo de Descartes y de Galileo, William Harvey (1578-1657) crea la Fisiología moderna, poniendo en movimiento la Fábrica Anatómica renacentista de Vesalio. Harvey utiliza la experimentación y la cuantificación, separa la forma de la función, en fin, rompe con la fisiología galénica, la fisiología antigua, que estaba anclada en sustancias y potencias y crea la fisiología moderna, que es mecánica, relacional, como la ciencia de Descartes.
Harvey nace en el sur de Inglaterra, se gradúa de Bachiller en Artes en Cambridge, y viaja a Padua, la universidad más famosa de su tiempo, a estudiar Medicina. Alumno de Fabricio de Aquapendente, se gradúa de médico en 1602, vuelve a Londres y revalida su título italiano en Cambridge y es nombrado médico del Hospital San Bartolomé y, después, catedrático de Anatomía y de Cirugía desde 1616, cargo que desempeñó 40 años. Nombrado médico del rey de Inglaterra desde 1632. Harvey fue amigo de Carlos I y tras la decapitación del monarca en 1649, Harvey cae en desgracia, su casa es incendiada con sus libros y apuntes.
En su obra está presente el empirismo sistemático de Bacon, a quien Harvey menciona en el prólogo de su obra De Motu Cordis y la experimentación comprobatoria de Galileo:
Harvey sigue el método matemático, observa, experimenta en hombres y animales, realiza vivisecciones, autopsias y demuestra mediante el uso del método matemático. Se le conoce como uno de los primeros en usar la medida y el cálculo en la investigación biológica, después de Santorio. Con Harvey nace en rigor la Fisiología como ciencia. Harvey, ve en el cuerpo humano un mecanismo regido por leyes escritas en lenguaje matemático, es decir, comprensibles por la razón humana.
Más sobre él
Su fama nace con la publicación de su pequeña gran obra, de solo 72 páginas, escrita en latín: Exercitatio Anatómica: De Motu Cordis et Sanguinis in Animalibus de 1628, doce años después de haber realizado su descubrimiento de la circulación sanguínea. Estudioso de la anatomía comparada, publica en 1651 la primera obra de obstetricia en inglés: Ensayos Sobre la generación animal, en la que expone sus teorías embriológicas; si la fisiología es anatomía en movimiento en el espacio, la embriología es anatomía en movimiento en el tiempo. En la fisiología antigua, basada en las teorías aristotélicas, el movimiento se veía como un cambio de sustancia, en la fisiología moderna el movimiento se ve como simple desplazamiento local, en el espacio; de una fisiología sustancial cambia a una fisiología relacional, de la antigua fisiología meramente descriptiva, la modernidad crea una nueva fisiología mensurativa, cuantitativa, constructiva, que separa forma y función, una sola cosa para la fisiología antigua.
Basándose en la experimentación donde utilizó desde moluscos y crustáceos hasta mamíferos superiores, Harvey, cambia el concepto existente sobre el sistema sanguíneo. La fisiología antigua consideraba al corazón como una central de calor, que impedía la coagulación de la sangre manteniéndola en estado líquido, desde Galeno, se relacionaba más el pulso con la respiración que con la circulación, se creía que las arterias tenían aire, que la arteria pulmonar tenía un papel nutricio y que la sangre traspasaba el tabique interventricular que separaba los dos sistemas vasculares galénicos. Harvey sintetiza los descubrimientos anteriores de Miguel Servet (1509-53) (Circulación pulmonar), de Andrea Cesalpino (1519-1603) (el corazón centro del sistema circulatorio), de Aquapendente (1533-1619) su maestro (describe las válvulas venosas sin entender su función) y de Realdo Colombo (demuestra el paso de la sangre por los pulmones entre los ventrículos). Harvey calcula la velocidad de la sangre en 8.640 onzas por hora (2 onzas en cada sístole por 72 sístoles por minuto por 60 minutos) lo que equivale a tres veces el peso del cuerpo y afirma que es imposible que toda esta sangre llegue de la alimentación, probando su teoría de la circulación general de la sangre. Demuestra mediante vivisecciones la contracción del corazón durante la sístole que relaciona con el pulso, manifestación de la vida de las arterias para el galenismo. Ve en el corazón una bomba y en las arterias unos tubos que la distribuyen.
Tras la publicación de su libro De Motu Cordis (El movimiento del corazón) Harvey causó una tormenta en Europa, perdió su clientela y tuvo que enfrentar varios ataques, el primero en defenderlo fue Descartes, quien se declara partidario de la circulación propuesta por Harvey, declaración que influyó mucho en la aceptación de la teoría de Harvey. Tres años después de su muerte, con el descubrimiento de Malphigi de los capilares a través del microscopio, se comprueba la teoría circulatoria de William Harvey.

Siglo XIX y XX
Se producen una serie de hechos que marcan el desarrollo de la Traumatología y Ortopedia. En primer lugar se produce la fusión de la medicina y cirugía, pasando ésta a ser considerada como una ciencia, con todas sus implicaciones. En segundo lugar, el inicio y el desarrollo de la anestesia permite realizar una cirugía enfocada a los resultados, más que a la rapidez. En tercer lugar, el desarrollo de la asepsia y la antisepsia posibilita una cirugía más segura. Por último, el descubrimiento de los rayos-X, al finalizar el siglo, posibilita un abordaje directo a la patología ósea. La anestesia y la antisepsia permitieron el desarrollo de técnicas quirúrgicas más sofisticadas que las amputaciones, así como el aumento espectacular de las tasas de supervivencia de los pacientes con fracturas graves. y también, gracias a Karl Landsteiner se clasifica la sangre de los seres humanos en los grupos A, B, AB y O. Landsteiner recibe el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 1930 por su descubrimiento.

Medicina Modernista
Lo que se conoce como medicina moderna tiene raíces muy antiguas en la historia, que se han intentado resumir en las diapositivas anteriores. Pero es a partir de la segunda mitad del siglo XIX en que la medicina científica se establece en forma definitiva como la corriente principal del conocimiento y la práctica médica.
Naturalmente, muchas otras medicinas continuaron ejerciéndose, aunque cada vez más marginadas conforme la cultura occidental avanzaba y se extendía. El surgimiento de Alemania como una nación unificada bajo la férrea dirección de Bismarck se acompañó de un gran desarrollo de la medicina, que la llevó a transformarse en uno de los principales centros médicos de Europa y que no declinó sino hasta la primera Guerra Mundial.
Así como en el siglo XVIII y en la primera mitad del XIX los estudiantes iban a París, después de 1848 empezaron a viajar cada vez más a las universidades alemanas y en especial a Berlín. Varias de las más grandes figuras de la medicina de la segunda mitad del siglo XIX trabajaban y enseñaban en Alemania, como Virchow, Koch, Helmholz, Liebig, Von Behring, Röntgen, Ehrlich y muchos más. Varias de las teorías más fecundas y de los descubrimientos más importantes para el progreso de la medicina científica se formularon y se hicieron en esa época, muchos de ellos en Alemania. Sin embargo, después de la primera Guerra Mundial, pero especialmente después de la segunda Guerra Mundial, Europa quedó tan devastada que el centro de la medicina científica se mudó a los países aliados, y en especial a los Estados Unidos.
Podemos entender también no sólo la medicina, también a las ciencias naturales como un panorama oscuro (aunque la medicina del Renacimiento y Barroco también eran oscuras, pero de formas distintas), no sólo vemos precariedad, también tiranías que con el interés del avance, cometieron atrocidades en contra de la humanidad, desde la Alemania Nazi hasta la Estados Unidos Corporativista y aliada de la URSS. El brutalismo de estas época se ve escondida en cortinas, aunque no todos los descubrimientos fueron realizados por destrucción a la integridad humana (afortunadamente), pero aún así es notable el camino estruendoso que tuvo que pasar la medicina para el descubrimiento (ese panorama horroroso, dió a Samuel Hahnemann crear la homeopatía; que es una enorme estafa, por cierto). Y no sólo la medicina, también la psicología se vió envuelta en atrocidades para descubrir la complejidad del comportamiento humano.
Edward Jenner y Louis Pasteur
Edward Jenner, Inventor de la Vacuna

El Dr. Jenner, apodado el Médico del Campo era originario de Gloucestershire, Inglaterra. En medio de la devastadora epidemia originada por la viruela que afectó a gran parte de Europa causando finalmente la muerte de un tercio de la población inglesa, el Dr. Jenner observó que la viruela bovina, leve y poco común en el ganado, se podía contagiar de las vacas a los humanos a través de heridas tipo pústulas del vacuno. Esto afectaba en especial a los lecheros, que según la creencia popular eran aparentemente inmunes a la viruela humana que desencadenaba una enfermedad viral bastante más grave y letal.
A través de sus estudios observacionales finalmente Jenner logró fabricar una sustancia líquida obtenida de la supuración de una ampolla de una mujer enferma y en mayo de 1796 decidió inocularla a James Phipps, un niño de 8 años hijo de su jardinero. Al confirmar que el niño sólo presentó un cuadro de leve inflamación local decidió algunos meses después nuevamente inocular a James. En los brazos de Sarah Nelmes, el pequeño James Phipps es inoculado esta vez con líquido de una ampolla fresca de viruela humana por el Dr. Edward Jenner.
Más sobre él
El niño posteriormente no presentó síntomas y se mantuvo completamente sano. Luego de intentar comunicar su exitoso descubrimiento y que fuera rechazado por falta de evidencia, Jenner publica sus conclusiones en un panfleto en 1798 introduciendo el concepto de vacunación. El Dr. Jenner dedicó el resto de su vida a la investigación de la viruela y su vacuna, ofreciendo vacunación gratis en su casa de campo a todo el que quisiera. Treinta años después de su muerte, la vacuna de la viruela se decretó obligatoria para toda la población inglesa.
Finalmente, en mayo de 1980 después del inmenso aporte de una vacuna sumado a otros innumerables esfuerzos de control sanitario mundial la viruela se transformó en la primera enfermedad infecciosa en declararse erradicada por la OMS.
La historia de un gran hombre que abrió las puertas a la inmunización a través de lo que llamó él ''Vacunas''.

Louis Pasteur, Héroe de la Medicina

Louis Pasteur (1822–1895) fue un científico francés cuyos descubrimientos tuvieron una gran importancia en diversos campos de las ciencias naturales, especialmente en la química y en la microbiología. A él se le debe la creación de la técnica conocida como pasteurización. Con sus teorías microbianas condujo al desarrollo de vacunas, antibióticos, la esterilización y la higiene, como métodos efectivos de cura y prevención contra la propagación de las enfermedades infecciosas.
Sus descubrimientos marcaron el inicio de la medicina científica, ya que demostraron que la enfermedad es el efecto visible (signos y síntomas) de una causa que puede ser buscada y eliminada con un tratamiento específico y que en el caso de enfermedades infecciosas, se centra en la búsqueda del germen causante para hallar un modo de combatirlo. Joseph Lister, famoso cirujano de la época, siguió sus consejos, desarrolló las ideas de Pasteur y las sistematizó en 1865, siendo considerado el padre de la antisepsia moderna. En el caso de la cirugía, incluía el lavado de manos, uso de guantes, esterilización del material quirúrgico y limpieza de las heridas con ácido carbólico para eliminar los microorganismos.
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En su obra, Albert Edelfelt representa a Pasteur en su laboratorio, con un bocal en la mano que contiene la médula espinal de un conejo contaminado por la rabia, a partir de la cual se desarrolló la vacuna contra esa enfermedad. La iluminación del ambiente está dada por una ventana invisible a la derecha que distribuye la luz con delicadeza, detallando los objetos y el perfil atento del científico francés.
Henri Mondor, escritor y médico francés, describió así a uno de los grandes nombres de la ciencia moderna, cuyo trabajo supuso grandes avances en la lucha contra los patógenos causantes de muchas enfermedades. En sus palabras se rezan:
"Louis Pasteur no fue médico ni cirujano, pero nadie ha hecho tanto como él en favor de la medicina y de la cirugía".
Nada parecía pronosticar que, en 1847, se doctoraría en ciencias precisamente con una tesis de físico-química; y mucho menos que, en 1854, sería nombrado decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lille. Desde entonces la química fue su ámbito de estudio y el camino por el que alcanzaría todos sus éxitos: puesto que, aunque sus descubrimientos tendrían una gran repercusión en el mundo sanitario, nunca fue médico de formación ni de profesión. Buena parte de su interés derivaba de una tragedia personal: de sus cinco hijos, tres murieron de tifus en su infancia.
El primer gran logro de Pasteur fue el desarrollo del proceso que lleva su nombre: la pasteurización. Desde 1856, cuando empezó a estudiar la fermentación aplicada a la conservación del vino y la leche, tenía la teoría de que la contaminación por microorganismos era el factor responsable de que estas bebidas se deterioraran rápidamente cuando eran abiertas. Resolvió, por lo tanto, que calentándolas una vez envasadas hasta una temperatura que matara estos microorganismos, no solo se impediría su rápido deterioro, sino también se evitarían las enfermedades provocadas por ellos. Después de casi una década de experimentos, demostró y patentó su método, que sería conocido como pasteurización. Esto abría un nuevo mundo de posibilidades en el sector de la alimentación ya que, por ejemplo, permitía conservar la leche durante más tiempo y hacerla llegar con facilidad a los lugares alejados de las granjas. También el sector vinícola y de la cerveza se vio muy beneficiado, pues un problema habitual era que las bebidas se avinagraran si por descuido entraban en contacto con el aire, a causa de los gérmenes presentes en él.
Sin embargo, sus descubrimientos no tuvieron una buena acogida inicial, ya que en aquellos tiempos prevalecía en los grandes círculos científicos la idea de que los microorganismos aparecían por generación espontánea: Pasteur recibió duras críticas de académicos de las ciencias naturales, que finalmente tuvieron que darle la razón. La idea de que todo organismo proviene de otro (omne vivum ex vivo) supuso una revolución no solo en el mundo de la microbiología, sino de la biología en general; y le llevó a formular la teoría germinal de las enfermedades infecciosas, según la cual los contagios se deben a la capacidad de los microorganismos para transmitirse de una persona a otra a través del aire o del contacto físico.
Demostrar que su teoría era correcta cimentó una de las grandes luchas de Pasteur: la higiene en la medicina. Al probar que las enfermedades se contagiaban por la transmisión de patógenos, la esterilización del material médico y la limpieza de los profesionales tras tratar a un paciente enfermo cobraron una importancia crucial. Pero una vez más sus afirmaciones no fueron recibidas con mucho entusiasmo, ya que algunos médicos sentían que indirectamente les acusaba de causar la muerte de sus pacientes.
El otro gran logro por el que es recordado Louis Pasteur fue el desarrollo de las vacunas. Este no era un descubrimiento nuevo: a finales del siglo XVIII, el médico inglés Edward Jenner ya había creado un primer fármaco inmunológico para la viruela a partir del virus de la viruela bovina (motivo por el cual recibió el nombre de vacuna). Sin embargo, el procedimiento consistía en exponer a una persona a una enfermedad similar pero más débil y, por lo tanto, estaba limitado a aquellas enfermedades humanas de las que se conocía un “pariente” en otros animales.
En cambio, Pasteur revolucionó el método al crear una vacuna a partir del propio patógeno causante de la enfermedad en humanos. El descubrimiento fue en parte fruto de la casualidad. En 1880, antes de irse de vacaciones, su ayudante Charles Chamberland dejó olvidado un cultivo de bacterias causantes del cólera aviar. Cuando volvió al cabo de unas semanas, descubrió que el cultivo se había debilitado: al inyectarlo en algunos pollos, estos desarrollaron una sintomatología leve; y al exponer de nuevo las aves al cólera, no enfermaron.
Durante los años siguientes Pasteur siguió realizando pruebas con animales, hasta que en 1885 se presentó la ocasión para hacer el primer ensayo en humanos, aunque fue de nuevo a causa de un accidente: un niño fue mordido por un perro afectado por la rabia, una enfermedad nerviosa cuya letalidad es casi del 100%, por lo que si había sido infectado -lo cual no era del todo seguro-, probar a vacunarlo era su única posibilidad de salvación. Pasteur tomó una decisión muy arriesgada, ya que no era médico ni su vacuna estaba suficientemente probada; para su suerte y para la del niño, el tratamiento funcionó, abriendo un nuevo mundo de posibilidades en el campo de la medicina.
Aunque Pasteur ha sido siempre elogiado como un héroe de la medicina, el examen posterior de sus cuadernos de laboratorio reveló una faceta controvertida: en más de una ocasión falseó los datos experimentales para tirar adelante proyectos que no le hubieran sido permitidos de otro modo. Así, por ejemplo, para vacunar a Joseph Meister, el niño que había sido mordido por un perro rabioso, debía obtener la aprobación de un médico puesto que él carecía de una licencia: para conseguir su visto bueno, declaró que había vacunado con éxito a cincuenta perros con rabia, pero el examen de sus cuadernos reveló que fueron solo once; sin embargo, decidió mentir y arriesgarse para salvar al niño. Como en otras tantas ocasiones, una diferencia crucial para el mundo de la medicina no dependió solo del talento, sino también de la suerte, desde un punto de vista de locus de control externo.

El Héroe de la Medicina que no fue Médico
Conclusión
La medicina sigue siendo un mundo de complejidades, de un arte sinigual que nos transporta a un mundo de visiones y entendimientos extensos. Nos damos cuentas pues, de los años que aún nos toca por recorrer, ¿Cuáles serán los avances y descubrimientos del mañana?, es pregunta algún día tendrá su adecuada respuesta, esperemos verlo en nuestros propios ojos. Muchas gracias por acompañarme a este corto pero largo recorrido sobre la historia de la medicina. Hasta luego.



























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